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lunes, 7 de septiembre de 2026

Judith Butler: introducción a su lectura , María Luisa Femenías

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María Luisa Femenías —filósofa argentina especializada en teoría de género— ofrece en este volumen una introducción sistemática al pensamiento de Judith Butler, construida como un mapa cartográfico de sus principales obras (Gender Trouble, 1990/1999; Bodies that Matter, 1993; Excitable Speech, 1997; Contingency, Hegemony, Universality, 2000; Antigone's Claim, 2000, entre otras). El propósito declarado no es exegético sino crítico: Femenías busca situar la propuesta butleriana dentro del debate feminista contemporáneo entre un feminismo ilustrado, universalista, y un feminismo posmoderno que cuestiona las categorías binarias y esencialistas heredadas de la Ilustración. Butler emerge, en esta lectura, como una pensadora "post-feminista" que combina la herencia hegeliana, la genealogía nietzscheano-foucaultiana, el psicoanálisis lacaniano y la teoría de los actos de habla de Austin para desmontar las categorías de sujeto, sexo y género que sostienen tanto el feminismo liberal como buena parte del feminismo de la diferencia.

De la crítica a Beauvoir a la performatividad del género

El libro se organiza en seis capítulos que siguen la evolución argumentativa de Butler. El segundo capítulo reconstruye la lectura butleriana de El segundo sexo: Butler atribuye a Beauvoir una teoría "voluntarista" del género —la fórmula "no se nace mujer, se llega a serlo"— y le reprocha, a la vez, un residuo cartesiano y biologicista en su noción de sujeto y de cuerpo. A partir de esa relectura, Butler construye su propia tesis: no existe un sexo "natural" previo a la cultura, sino que tanto el sexo como el género son efectos discursivos y normativos del poder. El capítulo tercero desarrolla esta idea a través de Bodies that Matter: la materialidad del cuerpo no es un dato pre-discursivo sino el resultado de su materialización normativa, de modo que el dimorfismo sexual mismo es una "ficción metafísica" sostenida por prácticas reiterativas.

El núcleo teórico de la obra —capítulo cuarto— es la noción de performatividad, tomada de la teoría de los actos de habla de Austin y reinterpretada en clave corporal: el género no es una esencia que se expresa sino una repetición ritualizada de actos que producen el efecto de una identidad estable. De allí se sigue la lectura butleriana de la parodia (el ejemplo del drag) como estrategia política que expone la contingencia de las normas de género, y la tesis —más controvertida— de que el sujeto no precede al poder sino que se constituye en él, de modo que la agencia solo puede pensarse como una resignificación interna a las normas que subjetivan, nunca como su exterioridad.

Transformación social, universalidad y traducción cultural

El capítulo quinto —el más pertinente para una lectura desde la interculturalidad— examina el giro de Butler hacia la teoría política, en diálogo polémico con Nancy Fraser, Seyla Benhabib y Ernesto Laclau. Femenías reconstruye aquí la propuesta butleriana de un universal "vacío" y estructuralmente incompleto, que solo puede articularse mediante procesos de traducción cultural: ninguna reivindicación de derechos universales puede atravesar fronteras lingüísticas y culturales sin traducción, y la traducción misma implica siempre asimetrías de poder entre el Norte y el Sur, entre lenguas y economías. Butler sostiene que imponer la universalidad sin traducción reproduce la lógica colonial, mientras que reformular el universal como un horizonte "todavía no" alcanzado permite visibilizar a quienes quedan excluidos de sus fronteras. Esta discusión conecta explícitamente con los debates sobre feminismos transnacionales, hegemonía cultural y reconocimiento de minorías, y constituye el puente más directo entre la teoría queer butleriana y las teorías contemporáneas de la interculturalidad y la diversidad. El capítulo sexto, finalmente, revisita la tragedia de Antígona para cuestionar la separación moderna entre parentesco (prepolítico) y política, abriendo la pregunta por formas de parentesco y de comunidad que no se ajustan a la norma heterosexual.

Conclusiones críticas

Femenías cierra su estudio ("A modo de cierre") con un balance explícitamente crítico que conviene retomar y ampliar desde una perspectiva de inclusión, diversidad e interculturalidad. En primer lugar, la autora señala que la operación butleriana de ampliar la categoría "mujeres" hasta identificarla con el "lugar de lo abyecto" corre el riesgo —siguiendo a Rosi Braidotti— de disolver el referente político concreto de las mujeres reales, produciendo lo que Braidotti llama un "feminismo sin mujeres". En segundo lugar, retomando a Nancy Fraser, Femenías observa que la propuesta política de Butler permanece anclada en una ontología antes que en un análisis institucional e histórico concreto de las desigualdades, de modo que su capacidad transformadora práctica es todavía limitada frente a fenómenos como la feminización de la pobreza, la discriminación laboral o el analfabetismo, temas que la obra butleriana prácticamente no aborda.

Desde el campo de los estudios de inclusión, diversidad e interculturalidad, este balance resulta especialmente productivo. La noción butleriana de traducción cultural —tal como la reconstruye Femenías— ofrece una herramienta valiosa para pensar la circulación asimétrica de categorías (género, raza, discapacidad, interculturalidad) entre contextos geopolíticos distintos, y para desnaturalizar pretensiones de universalidad que, en la práctica, encubren particularismos hegemónicos. Sin embargo, la misma crítica que Femenías dirige a Butler —su tendencia a resolver en el plano discursivo y metafísico problemas que tienen anclajes materiales, económicos e institucionales— advierte contra una apropiación acrítica de la performatividad en políticas de inclusión: reconocer que las identidades son construcciones normativas no exime de atender a las condiciones estructurales (económicas, jurídicas, territoriales) que producen exclusión efectiva sobre cuerpos y comunidades concretas. En ese sentido, la obra de Femenías cumple una doble función pedagógica: introduce con rigor el aparato conceptual butleriano —indispensable para cualquier análisis contemporáneo de género y diversidad— y, al mismo tiempo, modela una lectura crítica que evita la adopción acrítica de sus categorías, exigencia metodológica ineludible para quien trabaja la interculturalidad desde una perspectiva situada en América Latina.


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lunes, 31 de agosto de 2026

Educación popular y Movimientos sociales en América Latina , Alfonso Torres Carrillo (Editorial Biblos, Bogotá/Buenos Aires, 2016/2020)

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Alfonso Torres Carrillo, educador popular colombiano, magíster en Historia y doctor en Estudios Latinoamericanos, ofrece en esta obra una síntesis rigurosa de dos tradiciones de acción política y pedagógica que atraviesan la historia reciente de América Latina: la educación popular, como corriente pedagógica emancipadora inaugurada por Paulo Freire, y los movimientos sociales, como formas de acción colectiva que disputan sentido, poder y reconocimiento frente al orden capitalista, colonial y patriarcal. El libro se sitúa explícitamente en un locus de enunciación crítico: no pretende una definición canónica de educación popular, sino recuperar su historicidad y su potencial transformador en el actual ciclo de movilización latinoamericana (1994-2015). Para un lector interesado en inclusión, diversidad e interculturalidad, la obra resulta particularmente pertinente porque documenta cómo la categoría de “lo popular” se ha ido ampliando —desde el sujeto clasista de los años setenta hasta los sujetos étnicos, de género, generacionales y sexo-diversos del presente— y cómo esa ampliación reconfigura las prácticas pedagógicas de los sectores subalternizados.

1. La educación popular como praxis histórica y emancipadora

Torres Carrillo reconstruye la genealogía de la educación popular a partir de la obra de Freire, distinguiendo tres sentidos históricos del término (siguiendo a Brandão): como reproducción del saber comunitario, como democratización del saber escolar y, finalmente, como “trabajo de liberación a través de la educación”, sentido que se instaura con el Movimiento de Cultura Popular de Recife en los años sesenta y que marca la ruptura crítica con las dos acepciones anteriores. El autor destaca la “politicidad” de la educación —tesis freireana según la cual ninguna práctica educativa es neutra— y muestra cómo la categoría “pueblo” se redefine, con apoyo en Dussel y Rancière, no como una esencia sociológica homogénea, sino como un proceso de subjetivación política que se activa cuando mujeres, indígenas, jóvenes o sectores urbanos empobrecidos se constituyen en sujetos de sus propias luchas.

El recorrido histórico —de la radicalización marxista de los setenta a la revolución sandinista, pasando por la crisis de paradigmas de los noventa (caída del socialismo real, auge del neoliberalismo, transición democrática) hasta la “refundamentación” y reactivación actual— permite comprender la educación popular no como una técnica metodológica, sino como una corriente pedagógica y un movimiento educativo con identidad propia. Torres Carrillo sintetiza seis rasgos constitutivos: posicionamiento crítico e indignado frente a las injusticias; horizonte ético-político emancipador; propósito de constituir a los sectores populares en actores de transformación; incidencia en la subjetividad y la cultura; y capacidad de generar estrategias metodológicas dialógicas, participativas y creativas. Un aporte especialmente valioso para la perspectiva intercultural es el reconocimiento de que la educación popular se hibrida con otros campos emancipadores —feminismo popular, ambientalismo, educación intercultural crítica, epistemologías del Sur—, lo cual amplía sus sujetos y sus lenguajes pedagógicos más allá del referente clasista original.

2. Movimientos sociales y prácticas educativas

En la segunda parte, sustentada en investigación empírica propia, el autor caracteriza el ciclo actual de movilización latinoamericana (2000-2015) a partir de su pluralidad de actores: movimientos obrero-campesinos, indígenas, socioambientales, de mujeres, LGBTI, estudiantiles y ciudadanos-urbanos. A partir de autores como Melucci, Tilly, Restrepo, Archila y Goldar, propone una definición integradora de movimiento social como acción colectiva sostenida, con identidad compartida y capacidad de transformación estructural. Los estudios de caso —la CONAIE ecuatoriana y el Movimiento de los Sin Tierra brasileño— ilustran cómo estos actores no solo son destinatarios de la acción educativa popular, sino sujetos pedagógicos en sí mismos: generan pedagogía propia a través de la organización, la movilización y la vida cotidiana (“pedagogía del movimiento”), producen conocimiento situado y disputan la interculturalidad crítica frente al Estado.

3. Presupuestos pedagógicos y formación de subjetividades críticas

El cierre del libro articula ambos campos en una propuesta pedagógica: el diálogo —entendido con Freire, Ghiso y Cendales como experiencia intersubjetiva y hermenéutica colectiva, no como mera técnica— resulta el dispositivo central para la transformación subjetiva. Torres Carrillo formula doce criterios pedagógicos (partir de la realidad de los educandos, problematizar, dialogar, construir conocimiento colectivamente, promover relaciones democráticas, reconocer las diferencias, favorecer la creatividad, incorporar el cuerpo y la afectividad, entre otros) y nueve orientaciones para la formación de subjetividades críticas y emancipadoras, entre ellas la curiosidad epistémica, el posicionamiento crítico frente al contexto, el pensar desde opciones de transformación y la coherencia entre pensamiento y acción (la phronesis griega).

Conclusiones críticas

Desde una mirada académica interesada en inclusión, diversidad e interculturalidad, el aporte principal de Torres Carrillo reside en mostrar que la educación popular latinoamericana no es un corpus doctrinal fijo, sino un campo en disputa permanente que se ha visto obligado a descentrarse del sujeto clasista original para incorporar las múltiples subalternidades —étnicas, de género, generacionales, sexo-diversas— que hoy protagonizan la movilización social. Esta ampliación es, sin duda, un logro: permite pensar la emancipación en clave interseccional y reconoce la legitimidad epistémica de saberes no académicos, en diálogo horizontal con el conocimiento científico.

No obstante, el propio texto deja entrever tensiones no resueltas que merecen lectura crítica. 

Primero, persiste cierta ambigüedad entre la educación popular como movimiento pedagógico autónomo y como instrumento “al servicio” de los movimientos sociales; el autor reconoce escasa producción sobre la micropolítica y la dimensión propiamente pedagógica del campo, lo que sugiere que el acento político ha eclipsado históricamente una reflexión didáctica más sistemática. 

Segundo, aunque el libro incorpora la interculturalidad crítica y el pensamiento decolonial como interlocutores, lo hace de manera yuxtapuesta más que integrada estructuralmente al análisis; la interculturalidad aparece como un “tema emergente” entre otros (junto al feminismo popular o el ambientalismo) y no como un eje epistemológico transversal que reordene la matriz freireana originaria, todavía anclada en categorías de clase y en un marco fundamentalmente latinoamericano-continental que dialoga poco con las epistemologías indígenas en sus propios términos. 

Tercero, la definición de “movimiento social” que articula el libro, construida sobre autores europeos (Melucci, Tilly, Raschke) y matizada con aportes latinoamericanos, corre el riesgo de universalizar categorías analíticas del Norte global para leer fenómenos cuya especificidad histórica —colonial, racializada, territorial— exige categorías propias, tensión que el propio autor reconoce pero no resuelve del todo. 

Finalmente, el optimismo emancipador del texto —su apuesta por la “esperanza activa” y los “sueños compartidos”— merece ser contrastado con las limitadas capacidades reales de sostenibilidad institucional y financiamiento que el propio autor documenta para los centros de educación popular desde los años noventa, lo cual plantea el interrogante de si el horizonte utópico descrito alcanza a traducirse en transformaciones estructurales duraderas o permanece, en buena medida, en el plano de la subjetivación individual y comunitaria. En suma, la obra constituye una referencia ineludible para pensar la articulación entre pedagogía crítica y acción colectiva en la región, pero exige ser leída en diálogo con las epistemologías del Sur y los estudios decoloniales para superar sus propios límites categoriales.


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lunes, 24 de agosto de 2026

Pensar distinto, pensar de(s)colonial , José Romero Losacco (comp.), Fundación Editorial El perro y la rana, Caracas, 2020

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Pensar distinto, pensar de(s)colonial es una compilación de seis ensayos que, desde el llamado “giro decolonial” latinoamericano, examinan las tensiones entre universalismo y particularismo, colonialidad del saber y del poder, interculturalidad y proyectos políticos de transformación social. El volumen reúne a Santiago Castro-Gómez, Nicolás Panotto, Rebeca Gregson y José Romero Losacco, Juan José Bautista S., Catherine Walsh y Carlos Andrés Duque Acosta, autores representativos de distintas corrientes dentro del pensamiento decolonial (modernidad/colonialidad, filosofía de la liberación, teoría poscolonial y crítica marxista), lo que otorga a la obra un carácter deliberadamente plural y, en ocasiones, contradictorio entre sí.

Síntesis de los ejes argumentales

Castro-Gómez abre el volumen cuestionando la deriva “abyayalista” de ciertos sectores del pensamiento decolonial, que identifican al universalismo con el eurocentrismo y proponen, en consecuencia, el repliegue en particularismos culturales puros. Apoyándose en Laclau, Rancière y Žižek, el autor sostiene que la identidad cultural no es una esencia previa a las relaciones de poder, sino su cristalización histórica, y que una política emancipatoria no puede renunciar al gesto de universalización de intereses: la lucha decolonial eficaz no niega lo universal, sino que lo “llena” con los contenidos particulares históricamente excluidos (los “sin parte”). Retomando a Dussel, propone la noción de transmodernidad como superación crítica —no como negación— de la modernidad, y advierte contra el riesgo de un “subalternismo” que idealiza la comunidad ancestral y abandona instituciones modernas (ciencia, Estado de derecho, democracia, crítica) que, bien resignificadas, siguen siendo necesarias.

Panotto profundiza la crítica epistemológica, caracterizando la “colonialidad del saber” como el dispositivo que legitima la racionalidad eurocéntrica como único parámetro de verdad, y revisa los aportes de Quijano, Mignolo, Walsh, Sousa Santos y Spivak para proponer una “epistemología decolonial” fundada en el pensamiento-otro: transdisciplinaria, situada, no dicotómica entre teoría y praxis, y orientada a descolonizar tanto al intelectual como a la institución universitaria (la “universidad rizomática”).

Gregson y Romero Losacco aplican estas categorías al caso venezolano, describiendo la Revolución Bolivariana como atrapada en una “cárcel epistémico-existencial”: la persistencia de la matriz moderno/colonial —la “cultura del petróleo” y el “Estado mágico”— que redujo el horizonte emancipador a políticas de inclusión asociadas al consumo, en tensión permanente con las políticas de participación popular y comunal. Los autores identifican en la construcción del Poder Popular (consejos comunales, comunas, leyes del Poder Popular) una vía posible, aunque inconclusa, para “fugarse” de esa cárcel.

Bautista radicaliza la crítica al marxismo del siglo XX por no haber sometido a crítica el fundamento cultural moderno-eurocéntrico de la propia noción de “sociedad”, proponiendo pensar el tránsito hacia una “comunidad transmoderna” que recupere la racionalidad de las formas comunitarias de vida previas a 1492, no como retorno nostálgico sino como fundamento de un nuevo tipo de producción-consumo no depredador.

Walsh, la voz más directamente pertinente para los estudios de interculturalidad, distingue la interculturalidad crítica “desde abajo” —construida por organizaciones indígenas y afrodescendientes como proyecto político transformador ligado indisolublemente a la decolonialidad— de su cooptación “desde arriba” por Estados y organismos multilaterales, que la reducen a política de reconocimiento étnico funcional al orden existente. Desde un registro testimonial y situado en Abya Yala, denuncia el recrudecimiento de la violencia patriarcal, extractivista y feminicida sobre cuerpos y territorios, y propone las nociones de “grietas” y “siembras” como metodología pedagógica de resistencia, reexistencia y construcción de mundos otros.

Cierra el libro Duque Acosta con una relectura elogiosa de Revoluciones sin sujeto de Castro-Gómez, en diálogo con Žižek, Laclau y Dussel, defendiendo una síntesis entre la dimensión institucional-estatal (potestas) y la constituyente-social (potencia) bajo la fórmula dusseliana “mandar obedeciendo y desobedecer mandando”, como concepción emancipatoria de democracia radical, populista y transmoderna.

Conclusiones críticas

La obra tiene el mérito de exhibir la heterogeneidad interna del pensamiento decolonial latinoamericano, evitando presentarlo como bloque monolítico: la tensión entre las posiciones “abyayalistas” o subalternistas (más cercanas a Walsh y Bautista) y las posiciones que reivindican una universalidad concreta y una transmodernidad institucional (Castro-Gómez, Duque Acosta) constituye, de hecho, el verdadero hilo conductor del volumen, más allá de la aparente unidad de un “giro decolonial” compartido. Esta pluralidad es una fortaleza pedagógica, pues permite al lector de posgrado calibrar críticamente las distintas escuelas en lugar de recibir una doctrina cerrada.

No obstante, cabe señalar limitaciones. Primero, persiste una tensión no resuelta entre la defensa de la interculturalidad y la diversidad epistémica “desde abajo” y el uso reiterado, para argumentarla, de un aparato conceptual predominantemente europeo (Foucault, Derrida, Lacan, Deleuze, Žižek, Laclau), lo que reactiva la pregunta —que el propio libro reconoce sin resolver del todo— sobre la posibilidad real de un “desprendimiento” epistémico completo respecto de la matriz que se pretende superar. Segundo, la aplicación del marco decolonial al caso venezolano (Gregson y Romero Losacco) resulta valiosa como estudio de caso, pero su cercanía política con el proceso bolivariano introduce un sesgo apologético que dificulta una evaluación más distanciada de los límites autoritarios y extractivistas del propio “Estado mágico” que se describe. Tercero, el capítulo de Duque Acosta, en tanto reseña extensa y celebratoria de la obra de Castro-Gómez, aporta síntesis útil pero reduce el pluralismo crítico que caracteriza al resto del volumen. Finalmente, para un lector interesado específicamente en inclusión, diversidad e interculturalidad, el aporte más sustantivo y mejor logrado es el de Catherine Walsh, cuya distinción entre interculturalidad crítica “desde abajo” e interculturalidad funcional “desde arriba” ofrece una herramienta analítica de gran utilidad para evaluar políticas públicas educativas y de reconocimiento étnico en la región, más allá de su tono marcadamente testimonial y militante, que en ciertos pasajes antepone la denuncia política a la sistematicidad conceptual.

En síntesis, Pensar distinto, pensar de(s)colonial constituye un aporte relevante para repensar críticamente las categorías de inclusión, diversidad e interculturalidad desde América Latina, siempre que se lea no como programa unificado sino como campo de disputa interna dentro del propio pensamiento decolonial, cuyo principal desafío pendiente sigue siendo articular la crítica epistémica con propuestas institucionales viables que no reproduzcan, bajo nuevas retóricas, las jerarquías de poder que dicen combatir.


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martes, 11 de agosto de 2026

Trabajo Social y Discapacidad: Intervenciones, trayectorias y temporalidades , Paula Mara Danel (2020). Paraná: Editorial Fundación La Hendija.

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La obra de Paula Mara Danel constituye la sistematización de una investigación doctoral que indaga las condiciones y sentidos de la intervención profesional del Trabajo Social en el campo de la discapacidad en Argentina. Publicada en 2020 por la Editorial Fundación La Hendija dentro de la colección “La Universidad Pública publica”, y prologada por Alfredo Carballeda, la investigación se enmarca en el proyecto colectivo dirigido por Margarita Rozas Pagaza y Mariana Gabrinetti sobre las condiciones actuales de la intervención profesional. Metodológicamente, la autora combina revisión bibliográfica, entrevistas en profundidad, focus group, observación participante y análisis demográfico y estadístico, articulados desde una estrategia cualitativa que recupera las narrativas de treinta y cinco trabajadoras y trabajadores sociales como interlocutores privilegiados. El objetivo general que estructura el texto es caracterizar y analizar los procesos de intervención profesional del Trabajo Social en discapacidad, atendiendo a sus condiciones históricas, sus temporalidades y su dimensión corporal, más que a la construcción de modelos cerrados de intervención.

2. Marco teórico-epistemológico

Danel construye un andamiaje conceptual ecléctico que articula la noción bourdieana de campo —con sus categorías de capital simbólico, posición e illusio— con los aportes de la sociología histórica de Robert Castel sobre la cuestión social y las zonas de cohesión/vulnerabilidad/exclusión. A ello se suma una lectura decolonial que, siguiendo a Aníbal Quijano y a De la Vega, vincula la construcción social de la discapacidad con los dispositivos coloniales de clasificación racial y con la producción histórica de la “anormalidad” en América Latina. El enfoque narrativo, inspirado en la propuesta metodológica del auto-socio-análisis, habilita a la autora a situarse reflexivamente como sujeto de la investigación, en diálogo con Bourdieu y con los estudios sociales del cuerpo (Le Breton, Mora, Scribano), que se vuelven centrales en los capítulos finales. La obra recorre también las cuatro matrices teóricas identificadas para el Trabajo Social argentino —positivista, funcionalista estructural, dialéctica y tecnocrática neoliberal—, y contrapone el modelo médico de la discapacidad (con sus submodelos individual y rehabilitador) al modelo social (con sus submodelos biopsicosocial y de diversidad funcional), retomando además la perspectiva del Trabajo Social antiopresivo (Dominelli, Parada) para pensar las relaciones de poder entre profesionales y sujetos de la intervención.

3. Aportes temáticos por capítulo

Capítulo I. Campo de la discapacidad en Argentina. Reconstruye la historicidad de la intervención estatal en discapacidad desde la Sociedad de Beneficencia y el higienismo positivista hasta la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (2006). La autora identifica dos grandes momentos —uno asociado a la modernización/desarrollo, donde la discapacidad aparece como objeto de asistencia y custodia, y otro vinculado a la mercantilización, donde la discapacidad medicalizada se convierte en fuente de excedente—, y examina las continuidades y rupturas entre dictadura, retorno democrático, neoliberalismo de los noventa y los idearios de inclusión social de la década de 2000.

Capítulo II. Desigualdades, protecciones e intervenciones. Discute la cuestión social contemporánea y sus matrices teóricas en el Trabajo Social, así como las paradojas entre mercado y ciudadanía en la configuración de la protección social. Se introduce la categoría de “profesiones que se ocupan de los otros” (Dubet) y se examina la singularidad de la intervención en discapacidad frente a otros campos profesionales.

Capítulo III. La intervención enlazada a temporalidades. Analiza las sujeciones y autonomías de las personas con discapacidad y las temporalidades —institucionales, biográficas, generacionales— que atraviesan la configuración de la intervención, cuestionando las miradas fatalistas que naturalizan la dependencia.

Capítulo IV. Escenarios de la intervención y dimensión corporal. Aborda las condiciones y el medio ambiente de trabajo, la voz de las y los trabajadores sociales entrevistados y la centralidad del cuerpo —propio y ajeno— en la intervención, desde la visita domiciliaria hasta las transacciones afectivas que Bourdieu sitúa en la base del vínculo social.

4. Análisis crítico y conclusiones

El principal aporte de la obra reside en desplazar la pregunta por “los modelos de intervención” hacia una comprensión procesual, corporizada e históricamente situada de las intervenciones en plural, lo que constituye un hallazgo metodológico relevante y coherente con su apuesta narrativa. Sin embargo, el texto presenta tensiones que ameritan lectura crítica desde una perspectiva de posgrado en inclusión, diversidad e interculturalidad.

Eclecticismo teórico: la convivencia entre Bourdieu, Castel, Quijano, Foucault y los estudios del cuerpo enriquece el análisis, pero no siempre se explicitan las tensiones epistemológicas entre estas tradiciones (por ejemplo, entre el estructuralismo relacional bourdieano y la matriz decolonial), lo que puede diluir la especificidad crítica de cada marco.

Alcance empírico y representatividad de género: el 85% de las personas entrevistadas son mujeres, rasgo que la autora reconoce como propio de la feminización histórica de la profesión, pero que no se traduce en un desarrollo sistemático de la perspectiva de género e interseccionalidad en el análisis de las intervenciones, quedando la dimensión de género subsumida en la corporalidad general antes que problematizada en sus propios términos.

Énfasis discursivo-narrativo por sobre el análisis estructural-material: la centralidad otorgada a las narrativas y a la experiencia corporal, si bien es un aporte metodológico original, tiende a desplazar a un segundo plano el análisis de las condiciones materiales, salariales y de precarización laboral del Trabajo Social, mencionadas pero no profundizadas con el mismo nivel de sistematicidad que la dimensión simbólica.

Brecha entre el enfoque de derechos y su viabilidad estructural: la autora señala con lucidez que la “década ganada” en materia de discapacidad (2004-2014) no produjo rupturas sustanciales con los modelos mercantilizados de protección social; no obstante, el diagnóstico queda parcialmente abierto, sin una propuesta programática que articule el enfoque de derechos con transformaciones estructurales en la distribución de recursos y en la organización estatal del cuidado.

En síntesis, la investigación de Danel constituye un aporte relevante para los estudios sociales de la discapacidad en clave latinoamericana, al historizar el campo desde una matriz que dialoga con el pensamiento decolonial y al poner en valor el saber producido desde la propia práctica interventiva. Su lectura resulta particularmente productiva para pensar la interculturalidad y la inclusión no como categorías abstractas de política pública, sino como procesos corporizados, situados y en disputa permanente, aun cuando la profundización de una mirada interseccional de género y una mayor articulación entre discurso y estructura material queden como tareas pendientes para investigaciones futuras.



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lunes, 27 de julio de 2026

Pedagogías insumisas. Movimientos político-pedagógicos y memorias colectivas de educaciones otras en América Latina , Medina Melgarejo, P. (coord.) (2015)

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Pedagogías insumisas, coordinado por Patricia Medina Melgarejo, reúne veinte capítulos de investigadoras, investigadores y sujetos-practicantes de movimientos sociales de México, Colombia, Argentina y Brasil. Su propósito es documentar y problematizar experiencias político-pedagógicas producidas por movimientos indígenas, afrodescendientes, campesinos y magisteriales, que se configuran al margen —o en tensión abierta— con la escuela oficial y sus lógicas de “eficiencia, competencia y calidad”, categorías de origen mercantil que la coordinadora identifica como vehículo del capitalismo globalizado y de la reproducción de jerarquías coloniales contemporáneas. La obra se inscribe en el campo de los estudios decoloniales y de la pedagogía crítica latinoamericana, y se propone como una cartografía de lo que denomina “pedagogías otras”: prácticas educativas emancipadoras que memorializan luchas históricas y proyectan horizontes de futuro propio.

En el plano teórico-conceptual, el capítulo introductorio articula la teoría decolonial (Quijano, Walsh, Escobar, Dussel) con la filosofía de la otredad de Luis Villoro y con la noción de sujeto en Zemelman, para definir la “insumisión” no como resistencia meramente reactiva, sino como producción activa de sentido y de sujetos político-pedagógicos. Un aporte relevante es la denuncia del desplazamiento discursivo mediante el cual el problema histórico-político de la desigualdad se “culturaliza” y se traduce en el léxico despolitizado de la diversidad y la interculturalidad entendidas como “equidad”; para las autoras, dicho desplazamiento neutraliza la radicalidad histórica y colonial de la diferencia, razón por la cual la interculturalidad crítica y la decolonialidad se plantean como condición epistémica necesaria —no suficiente— de las pedagogías insumisas.

Estructuralmente, el libro se organiza en cuatro ejes-procesos. El primero reúne memorias pedagógicas de pueblos originarios y movimientos afroamericanos por el territorio, el trabajo y el buen vivir (la educación autónoma zapatista en Chiapas, las pedagogías cimarronas del Pacífico colombiano, el mapeo cultural participativo mapuche, la formación de educadores del campo en Brasil). El segundo recupera las tradiciones de la educación popular y crítica de raíz freireana, con experiencias como “Poner a andar la palabra” junto al pueblo nasa y la etnoeducación “casa adentro/casa afuera” en el Vaupés colombiano. El tercero examina la disputa por la escuela pública oficial como espacio de resistencia docente, destacando la “soberanía pedagógica” construida por el sindicato AGMER en Entre Ríos, Argentina. El cuarto cierra con una reflexión sobre interculturalización y decolonialidad como horizonte epistémico compartido por el conjunto de experiencias.

Conclusiones críticas

Leído desde el campo de la inclusión, la diversidad y la interculturalidad, el volumen constituye un aporte significativo por dos razones. Primero, epistemológica: al dar voz directa a sujetos-practicantes (dirigentes sindicales, educadores comunitarios, activistas) junto a académicos, la obra encarna la horizontalidad que predica, evitando la extracción epistémica que suele caracterizar a la literatura sobre educación intercultural producida exclusivamente desde la academia. Segundo, político-conceptual: la crítica a la “culturalización” de la desigualdad es un argumento sólido y necesario frente a políticas de educación intercultural que, en la región, han tendido a tratar la diversidad como gestión administrativa de la diferencia antes que como redistribución de poder.

No obstante, el libro presenta límites que una lectura crítica no puede omitir. La heterogeneidad metodológica y el desigual desarrollo analítico entre capítulos —producto de su origen coral, con autorías de perfiles muy distintos— fragmentan la posibilidad de una comparación sistemática entre países y experiencias. Asimismo, el aparato conceptual (insumisión, otredad, pedagogías otras) tiende, en algunos capítulos, a sustituir el análisis empírico de tensiones internas de los propios movimientos —relaciones de género, generacionales, o de captura elitista de las demandas comunitarias— por una narrativa que idealiza la agencia colectiva sin suficiente distancia crítica. Finalmente, aunque el libro denuncia con precisión los límites de las políticas estatales de interculturalidad, no ofrece un análisis sistemático de los mecanismos institucionales —curriculares, normativos, de financiamiento— mediante los cuales dichas políticas podrían transformarse, lo que limita su alcance propositivo más allá del registro testimonial y de denuncia epistémica.

En síntesis, Pedagogías insumisas es una referencia obligada para la genealogía conceptual de la interculturalidad crítica y la decolonialidad educativa en América Latina, valiosa como caja de herramientas teórico-políticas, aunque requiere ser complementada con estudios comparativos de mayor rigor metodológico que permitan contrastar sus hallazgos con las tensiones y contradicciones internas de los propios movimientos que documenta.


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